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La buena salud de la química impulsa su evolución

La industria química, la farmacéutica y la de los plásticos están en un momento inmejorable. Las cifras de negocio demuestran que la apuesta por la innovación, hoy un sello del sector, será un factor clave para entender como ahondar en una digitalización que hace años está en marcha para este segmento industrial.

Según datos de la Federación Empresarial de la Industria Química Española, este sector continua consolidándose como una de las industrias claves de la economía española. Sus más de 3.000 empresas, con una cifra de negocios conjunta de 59.000 millones de euros, generan el 12,6% del producto industrial bruto, y más de 540.000 empleos directos, indirectos e inducidos.

La industria química española registró, en 2016, un crecimiento productivo del 3%, si bien la caída de los precios internacionales – asociados al comportamiento del crudo – limitó el incremento de la cifra de negocios al 1,7%, hasta superar los 59.000 millones de euros.

Similar situación se produjo en las exportaciones. Pese al buen comportamiento en los mercados internacionales, que generó un incremento del volumen exportado del 1,4%, la facturación exterior quedó lastrada por la reducción de los precios, experimentando una caída del 2,1% hasta los 32.500 millones de euros. En ambos casos, mercado interior y mercado exterior, el sector incrementó su volumen de producción (dato evidentemente positivo, según Feique) y que permite mantener un ritmo de crecimiento constante en los últimos años y situarnos ya en una cifra de negocios un 19% superior a los niveles previos a la crisis de 2007.

Respecto a la distribución sectorial de la cifra de negocios, las Especialidades Farmacéuticas continúan siendo el subsector más representativo al aportar el 21,4% de esta cifra de negocios, seguido de Materias Primas, Plástico y Caucho, con un 19,1% del total. Le sigue la Química Orgánica (13,1%), Otros Productos de Químicos (8,1%), Pinturas y Tintas (7,2%), Perfumería y Cosmética (6,9%), Detergencia (6,6%), Materias Primas Farmacéuticas (6,3%), Gases Industriales (2,7%), Química Inorgánica (2,7%), Fertilizantes (2,6%), Agroquímica (1,6%), Colorantes y Pigmentos (1,1%) y Fibras Sintéticas (0,6%).

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El bisfenol A, declarado seguro para los humanos

El estudio Clarity-BPA, realizado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los EE. UU. (FDA) pone de manifiesto que el bisfenol A (BPA) es seguro para los consumidores.

05.02.2018 El mayor estudio de Bisphenol A (BPA) confirma, según las autoridades estadounidenses, que el BPA es seguro para los consumidores. El 23 de febrero de 2018 se publicó oficialmente un borrador del informe del estudio global.

Los fabricantes europeos de plásticos que utilizan BPA, agrupados en PlasticsEurope, valoran positivamente su publicación. El BPA es un componente clave para plásticos de alto rendimiento y materiales de revestimiento, utilizados también en aplicaciones en contacto con alimentos.

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La CE amplía las exigencias de laboratorios de seguridad alimentaria

La Dirección General de Salud y Seguridad Alimentaria de la Comisión Europea (DG SANTÉ) está trabajando en una regulación específica para materiales impresos destinados a contacto con alimentos. Su intención es tenerlo para finales de 2018 pero tal vez no sea posible ya que es un tema complejo.

En un principio se estaba trabajando en un enfoque tradicional similar al del Reglamento (UE) 10/2011 sobre materiales y objetos plásticos, basado en un sistema de lista positiva pero este enfoque se enfrenta a ciertos puntos complicados de resolver. Uno de los más importantes es el elevadísimo número de sustancias a considerar, que requeriría décadas de trabajo de la EFSA para concluir su evaluación. Otros puntos por resolver son la dificultad para la transmisión de la información en las cadenas de suministro por la complejidad de éstas, con frecuencia aplica demostrar el cumplimiento a operadores de pequeñas empresas alimentarias, la gran variedad de combinaciones a considerar (sustratos, combinación de colores, técnicas de impresión, etc.), la falta de pautas para la verificación del cumplimiento y la necesidad de disponer de evaluaciones de riesgos transparentes.

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